El Carlos Belmonte vivió una de esas noches destinadas a quedar grabadas en la memoria colectiva del fútbol español. El Albacete Balompié, equipo de la zona baja de Segunda División, eliminó al Real Madrid de la Copa del Rey con un 3-2 inolvidable y rompió, de una vez por todas, una maldición histórica: nunca antes había logrado vencer al conjunto blanco en competición oficial.
No fue una victoria más. Fue una gesta. Fue identidad, coraje y convicción frente al club más laureado del mundo.
Un hito que rompe 14 partidos de silencio
Hasta esta noche, el Albacete acumulaba 14 enfrentamientos oficiales sin ganar al Real Madrid. Once derrotas, tres empates y una estadística que pesaba como una losa. Con este triunfo, el conjunto manchego abandona una de las listas más ingratas del fútbol español y se inscribe en la historia copera como uno de los gigantes abatidos por el espíritu del torneo.
El resultado no solo elimina al Madrid: dignifica al Albacete y lo eleva al archivo eterno de las grandes gestas de la Copa.
El partido que cambió la narrativa
El Albacete no ganó por azar. Ganó por fútbol, por fe y por personalidad.
Javi Villar, ex canterano blanco, abrió el marcador tras un saque de esquina, convirtiendo el primer capítulo de una noche simbólica. El Madrid empató al filo del descanso, pero Jefté Betancor apareció en la segunda parte para escribir su propia leyenda: dos goles, uno de ellos en el minuto 93, para sentenciar una eliminatoria que parecía destinada a la tragedia local… y terminó siendo una epopeya.
El equipo de Alberto González no se quebró ni siquiera cuando el Madrid empató en el 91. Dos minutos después, lanzó un contraataque perfecto, demostrando que el miedo no tenía sitio en su diccionario.
Jefté Betancor, el nombre propio de la gesta
El delantero firmó un doblete que lo convierte en el primer jugador de categoría inferior que elimina al Real Madrid con dos goles desde el Alcorconazo de 2009. Hasta entonces, su temporada liguera era discreta. Pero el fútbol, caprichoso y justo, le reservó su noche grande cuando más valía.
Su segundo gol no fue solo un tanto: fue el certificado oficial de una hazaña histórica.
Un Albacete reconocible, valiente y ordenado
El planteamiento táctico fue tan importante como el corazón. El 5-3-2 diseñado por Alberto González cerró pasillos, asfixió por dentro y obligó al Madrid a una posesión estéril. Cada basculación defensiva, cada duelo, cada carrera sin balón fue una declaración de intenciones.
El Albacete no esperó milagros: los fabricó.
Mientras el rival acumulaba un 78% de posesión horizontal, el equipo manchego convertía cada llegada en amenaza real. Poca estética, máxima eficacia. La esencia pura de la Copa del Rey.
David volvió a vencer a Goliat
El fútbol necesita noches como esta para recordar por qué sigue siendo impredecible. El Albacete, con uno de los presupuestos más modestos del fútbol profesional, eliminó al Real Madrid, que venía de perder la Supercopa y quedó fuera también de la Copa en apenas días.
Pero esta historia no pertenece al Madrid. Pertenece al Albacete.
Pertenece a sus jugadores, a su entrenador, a su afición y a un estadio que rugió como si estuviera defendiendo algo más que un resultado: defendía su identidad.
Un triunfo que trasciende una eliminatoria
Esta victoria no es solo un pase de ronda. Es:
- La primera victoria histórica del Albacete ante el Real Madrid.
- Una de las mayores gestas del club en el siglo XXI.
- Una reafirmación de que el fútbol no entiende de escudos sin actitud.
- Y un recordatorio eterno de que la Copa del Rey sigue siendo el territorio donde los sueños aún derrotan a los imperios.
Cuando la historia se escribe con botas humildes
El Albacete no ganó porque el Madrid fallara. Ganó porque creyó. Porque corrió. Porque no se rindió cuando todo parecía perdido. Porque entendió que las noches grandes no se juegan, se conquistan.
Y esa conquista ya nadie se la podrá arrebatar.








