El fútbol europeo amaneció con una nueva gesta escrita desde el Círculo Polar Ártico. El Bodø/Glimt, representante de una ciudad que apenas supera los 50.000 habitantes y con un estadio de poco más de 8.000 asientos y césped artificial, se ha clasificado para los octavos de final de la Copa de Europa contra todo pronóstico. Y lo ha hecho a lo grande, goleando al Manchester City, asaltando el Metropolitano y eliminando al Inter.
De la Segunda noruega a la hazaña europea
En 2009 descendieron a la Segunda división y en apenas cuatro años, en 2013, regresaron para renacer. Lo que parecía el techo de un club humilde se transformó en un proyecto sostenido que fue creciendo paso a paso. En 2022 alcanzaron los cuartos de final de la Conference League, en 2025 las semifinales de la Europa League y, ahora, una irrupción histórica en su primera participación en la Champions League.
De hecho, en 2026, su única actividad oficial ha sido la Champions, ya que no compiten en su liga desde noviembre. Sin rodaje doméstico, sin ritmo competitivo habitual. Y aun así, han desafiado la lógica.
Su plantilla está valorada en unos 57 millones de euros y su once inicial, apenas 13,5 millones. Cifras muy bajas en comparación con los colosos a los que se han enfrentado.
Contra todo pronóstico en la Champions League
Tras la quinta jornada de la fase de liga, las probabilidades les daban un 99,7% de opciones de quedar eliminados. Era prácticamente una sentencia. Pero el Bodø/Glimt convirtió ese 0,3% en una declaración de intenciones.
Empataron 2-2 ante el Borussia Dortmund, arrollaron 3-1 al Manchester City, vencieron 1-2 al Atlético de Madrid, superaron 3-1 al Inter en la ida y remataron la faena en Italia (1-2) para un global de 2-5.
Además, se han convertido en uno de los pocos equipos fuera de las cinco grandes ligas en enlazar cuatro victorias consecutivas en competición europea, algo que no se veía desde el Ajax de los años 70 de Johan Cruyff.
Desde 2020 solo han perdido 9 de 44 partidos europeos en su estadio (33 victorias y 2 empates). Su fortín, se ha convertido en uno de los escenarios más incómodos del continente.
Transiciones como estilo propio
Hay quien reduce el juego de transición a una cuestión de piernas y físico, pero el Bodø/Glimt demuestra que es, sobre todo, una cuestión de pizarra.
Ante el Inter, que llegó a tener un 71% de posesión, el plan estaba claro: resistir el asedio y castigar cada espacio. Y a campo abierto, este equipo es letal. La electricidad en los apoyos, la precisión en los primeros toques y la creatividad en los movimientos convierten cada recuperación en una amenaza real.
Se ha transformado en uno de los mejores equipos de Europa en transición rápida. Pero no es solo potencia ofensiva, es comprensión del juego. Saben cuándo acelerar, dónde atacar y cómo desorganizar estructuras superiores en talento individual.
Su presión tras pérdida, coordinada y agresiva, completa un ecosistema competitivo que nada tiene que ver con el romanticismo del “equipo simpático”. Es un conjunto trabajado al detalle.
Hauge, Høgh y Haikin, los nombres propios del Bodø/Glimt
Más allá del sistema y la pizarra, el salto competitivo del Bodø/Glimt también se sostiene en actuaciones individuales decisivas.
Jens Petter Hauge regresó en enero de 2024 tras un paso irregular fuera. En 2021 había salido cedido al Eintracht Frankfurt y ganó la Europa League. El club alemán pagó 12 millones por él en 2022, pero tras jugar solo 699 minutos en la 23/24 volvió a casa. El extremo izquierdo ha marcado en tres de los últimos cuatro partidos de Champions del club y suma seis goles y cuatro asistencias en la Copa de Europa, siendo diferencial. Además, es el cuarto jugador de la competición con más regates completados (53), solo por detrás de Lamine Yamal, Vinícius Jr. y Jérémy Doku.
Kasper Høgh, el ariete del equipo, está firmando una Champions memorable. Anotó un doblete al City, el gol de la victoria en el Metropolitano, dos asistencias y un gol en la ida ante el Inter y, en la vuelta, realizó una acción defensiva providencial en el Giuseppe Meazza para sostener el empate antes del descanso.
Y bajo palos, Nikita Haikin está siendo uno de los porteros del torneo. Promedia 5,6 paradas por encuentro y 3,54 goles evitados. Es el tercer guardameta con mejor promedio de intervenciones y el segundo con más goles evitados, con mejores cifras que Sommer, Raya, Courtois o Neuer.
La mentalidad como ventaja competitiva
Pero si algo explica el salto del Bodø/Glimt es una mentalidad trabajada y entrenada para tener la convicción de que pueden competir y ganar ante cualquiera.
En el club trabajan con un ‘coach’ psicológico, ex militar y antiguo piloto de cazas, que ha inculcado una idea firme: pueden ganar la Champions.
Juegan sin miedo. Y en el fútbol de élite, la ausencia de miedo es un arma devastadora. Europa ya no los mira con simpatía, los mira con respeto.








