Nunca es fácil despedirse. Más aún cuando es de un sitio que te lo ha dado todo, que te ha permitido crecer, formarte, forjarte, soñar. Son varias las emociones que sientes en tu primera etapa, y si no, que le pregunten a Fernando ‘El Niño’ Torres en 1995, cuando con solo 11 años, dejó atrás su equipo de la infancia de Fuenlabrada para dar un salto que marcaría su carrera como jugador profesional: formarse en las categorías inferiores del Atlético de Madrid.
En 2001, con el club rojiblanco en un momento complicado, Fernando Torres recibió una noticia que jamás hubiera imaginado, y menos con tan solo 17 años. Luis Aragonés, quien había seguido la progresión del delantero madrileño desde que llegó siendo un niño, consideraba que Torres no solo rebosaba talento, sino que además, tenía ese carácter competitivo y esa personalidad características del sentimiento colchonero. El 27 de mayo de ese mismo año, debutó en el Vicente Calderón con la camiseta rojiblanca, y un año después, vivió el descenso a Segunda División de primera mano. Pese a ello, se quedó en el club.
Un talento desmesurado llegó al Atleti
En unos años difíciles, tanto deportiva como estructuralmente, en el Atlético de Madrid no se respiraba optimismo ni buenas sensaciones, todo lo contrario. Torres fue un milagro para los socios rojiblancos, que veían como un delantero joven y formado en la cantera no dejaba de remar por el bien del equipo. Se convirtió en el capitán más joven de la historia en el Atlético, y fue el máximo goleador durante varias temporadas, reforzando aún más si cabe su calidad.
No es de extrañar que fuera tan querido por los aficionados, ya que lideró al equipo en los años de reconstrucción en los que era raro competir por algún título. Los años fueron pasando, y la cosa no mejoraba. El Atleti seguía sin dar el salto competitivo necesario para un club de sus características, y una estrella como Fernando Torres no podía permitirse seguir en esta situación. En 2007 se marchó al Liverpool de Rafa Benítez, donde se consolidó como un delantero de élite, temido en toda Europa y con unas cifras impresionantes. Por si fuera poco, ese Liverpool ya tenía a grandes jugadores sobre el campo, como Steven Gerrard, reconocido por el propio Torres como uno de sus mayores referentes y amigos en su etapa como futbolista.
La afición del Atlético de Madrid, lejos de enfadarse, entendió que Fernando cambiase de aires y fichara por el conjunto inglés. No fue una decisión económica ni hubo conflictos de por medio, pero Torres sabía que debía mirar también por sí mismo. El Atlético de Madrid le dio todo. Confianza absoluta, un papel más que relevante en el equipo y hasta la capitanía siendo de los más jóvenes de la plantilla. Sin embargo, el talento del delantero crecía desacompasado respecto al del propio club, y aunque fue una decisión difícil, sabía que algo mejor le esperaba en otro lugar.

A veces amar también es dejar ir
El bueno de Torres no lo pasó especialmente bien en sus primeros años como rojiblanco, entendiéndose esta afirmación desde el aspecto estructural y económico, porque socialmente era el ídolo de la afición, y deportivamente era de los mejores delanteros de Europa. Fernando supo que lo mejor para él estaba en Anfield, y allá que fue. No fue egoísta, o quizá sí, pero no está mal serlo. Todos somos humanos, y antes de nada, miramos por nuestros propios intereses, aunque algunas personas tengan el dote de preocuparse (a veces demasiado) de los demás. El delantero madrileño era del Atleti, muy del Atleti, y sabía que no podía retirarse sin volver a sentir el rugido del Vicente Calderón.
En 2015, ya con 30 años y una dilatada carrera profesional, regresó al Atlético de Madrid. Aceptó sin rechistar un rol bastante secundario, pero ayudó al equipo en todo lo que pudo, destacando la consecución de la Europa League en 2018, siendo su primer título con el equipo colchonero. En ese mismo año se produjo uno de los primeros grandes momentos que recuerda el Metropolitano. Este fue la despedida oficial de Torres ante más de 60.000 personas, bajo el lema ‘De niño a leyenda’. Fernando Torres volvió al Atleti para ganar, para sumar, para disfrutar con su gente, pero sobre todo, para devolver al club y a los aficionados todo aquello que en un pasado le brindaron. Nada hubiera conseguido sin que Luis Aragonés hubiera confiado en él, y sin que el resto de la plantilla reconocieran su talento y le ayudaran en su desarrollo.
En conclusión, Fernando Torres no es solo un exjugador del Atlético de Madrid. Además de entrenador de nuestro querido Atlético Madrileño, es canterano, capitán, líder en la derrota y campeón en el regreso. Pocos futbolistas pueden decir que representaron al club en todas sus versiones. Se fue cuando lo necesitaba e hizo feliz a los aficionados del Liverpool. Y durante varios años, también a todos los españoles con sus hazañas en la Selección. Leyenda absoluta, referente en todos los aspectos para cualquiera, más aún si te gusta el fútbol, y más aún si eres del Atleti. Como yo. El que escribe este artículo que lees ahora mismo.

Gracias por todo, Gol de Oro
Como dije al principio, nunca es fácil despedirse, pero es lo que me toca hacer hoy. Debemos sentirnos afortunados cuando cerrar una etapa significa abrir otra que se presenta más exitosa, así que en ese aspecto, me siento contento y esperanzado. Es hora de decir adiós a mi mejor casualidad. En ningún momento hubiera imaginado todo lo que me sucedió desde que decidí unirme a esta gran familia, también conocida como Gol de Oro. Hay trenes que no debes dejar pasar en la vida, y a veces es mejor no pensar tanto en el futuro, sino ser conscientes de la realidad y nuestro presente. Todo llega, lo que merecemos e incluso lo que menos esperamos. Hoy puedo mirar hacia atrás con una sonrisa por todos esos recuerdos, buenos momentos y aprendizajes.
Gracias a todos, de verdad. Tanto a los que nos leéis, a los que nos comentáis y también a los que me paráis por la calle y me decís: «Oye, yo te leo, me gustan tus artículos». No sabéis lo que llena saber que tu trabajo sirve para algo, y os lo agradezco de corazón. Retomando. Me despido de Gol de Oro con una profunda pena por dejar atrás lo que ha sido mi primera etapa en este maravilloso mundo. Etapa en la que he podido vivir experiencias únicas e irrepetibles. He conocido a grandes personas en estos dos años, y he tenido la suerte de relacionarme con leyendas y figuras del deporte. Personas que antes veías solo por la tele se han convertido en (casi) una rutina. Destaco mucho el papel de Fernando Torres y de Diego Pablo Simeone en mi progresión como… ¿profesional?
El caso es que hace dos años era impensable para mí tener una relación tan cercana con ídolos de la infancia. Y aquí todo pequeño detalle cuenta. Empecé mi historia en Santo Domingo, el campo del Alcorcón, al que ahora recuerdo con mucho cariño. Ese fue solo el primero de muchos estadios, eventos, galas y demás acontecimientos a los que he acudido en estos años. Todo eso ha sido simplemente maravilloso. Ahora miro hacia el futuro con esperanza, ilusión, y aunque con cierta precaución, predominan las emociones positivas. No podría quedarme con un solo momento ni con un solo detalle o palabra,. Aunque sí quiero agradecer a ciertas personas todo lo que han hecho por mí en estos años.
Gracias a Andrés, por ser inquieto, curioso y por haber creado la mayor de mis casualidades, como dije antes; a David, por ser una de las personas más inteligentes que jamás he conocido y por llevar Gol de Oro a donde nunca lo hubiéramos pensado; a Juan, por ser tan natural y espontáneo conmigo y también por ser en parte «mi Luis Aragonés»; a Penedo, por haber sabido llevar esto lo mejor posible y por haber seguido confiando en mi; a Paco, por ayudarme cuando llegué por primera vez a Majadahonda y no sabía ni a dónde ir; a Pascu, por darme la mejor de las oportunidades que jamás he recibido y por tratarme como un amigo de toda la vida. Gracias, de verdad.
Evidentemente no me olvido de todos aquellos que me han acompañado en este camino, aunque sea con un mínimo comentario o gesto. Tampoco de los que confiaban en mí y se han sentido orgullosos de lo que estoy logrando. Esto solo es el comienzo, espero, de una gran historia. Una vez escuché que para tener éxito en algo debes ser el mejor, el primero o el único en dicho aspecto. Sin embargo, soy fiel creyente de que una mezcla adecuada de suerte y talento es capaz de todo. Os lo contrastaré en unos cuantos años, porque si de soñar se tratase, nada de esto habría sido posible…








